Tipos de dolor y como describirlos
El dolor sordo es una molestia profunda y poco definida, que suele sentirse como pesadez o un dolor de fondo, en lugar de un pinchazo. Puede mantenerse o aparecer por momentos y resultar difícil de localizar con precisión. La palabra «sordo» describe la sensación: por sí sola no indica su causa ni su gravedad.
Reconocer cómo se siente el dolor te ayuda a explicarlo en consulta. También importa dónde aparece, cuánto dura y cómo afecta a tus actividades.
¿Por qué es importante saber describir el dolor?
El dolor es una experiencia personal en la que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. Dos personas pueden vivirlo de forma diferente. Su intensidad no es el único dato relevante: también cuenta si te impide caminar, trabajar, dormir o disfrutar de tus actividades. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor recoge esta visión multidimensional. No necesitas conocer términos médicos. Explicar con tus propias palabras lo que notas es un buen punto de partida.
Tipos de dolor según como se siente
Identifica las sensaciones de tu experiencia de dolor
Dolor sordo
Se percibe como una molestia de fondo, profunda o difusa. Puedes describirlo diciendo: «Noto pesadez y me cuesta señalar un punto exacto»
Dolor punzante
Se siente como un pinchazo o una punzada. Por ejemplo: «Noto algo parecido a una aguja»
Dolor quemante o ardiente
Predomina la sensación de quemazón o ardor: «Siento como si me quemara»
Dolor eléctrico
Recuerda a una descarga o corriente: «Me da un chispazo que recorre la pierna»
Dolor pulsátil
Se percibe como latidos o palpitaciones: «La zona me late»
Dolor opresivo
Produce sensación de presión: «Siento una banda que me aprieta»
Dolor en forma de calambre
Se describe como una contracción muscular involuntaria y dolorosa: «El músculo se me queda agarrado»
Dolor irradiado
Se extiende desde una zona hacia otra. Conviene indicar el recorrido y si hay hormigueo o adormecimiento
Tipos de dolor según su duración
Diferencias según su evolución en el tiempo
Dolor agudo
Es un dolor de aparición reciente, por ejemplo, después de una lesión o intervención. En esta clasificación, «agudo» se refiere a su evolución temporal; no significa necesariamente que sea punzante o muy intenso
Dolor crónico o persistente
Habitualmente se habla de dolor crónico cuando dura más de tres meses. Puede continuar después del periodo de recuperación de una lesión o aparecer sin una lesión previa identificable. El dolor persistente es real aunque las pruebas no expliquen por completo lo que siente la persona. Su abordaje puede incluir actividad adaptada, educación y apoyo para manejar su impacto cotidiano, según la valoración profesional. Puedes ampliar esta información en la guía sobre dolor persistente de NHS Inform.
Tipos de dolor según su mecanismo
Las palabras que utilizamos para describir una sensación no sustituyen una valoración clínica. Según la terminología de la IASP, se distinguen, entre otros, estos mecanismos:
Dolor nociceptivo
Se relaciona con la activación de los nociceptores ante un daño real o potencial en tejidos no nerviosos. Puede ser somático, si procede de estructuras como músculos o articulaciones, o visceral, cuando procede de órganos internos.
Dolor neuropático
Está causado por una lesión o enfermedad del sistema nervioso somatosensorial. Sentir quemazón o descargas no basta para identificarlo: hace falta una evaluación que confirme su origen.
Dolor nociplástico
Se relaciona con una alteración de la nocicepción, sin evidencia clara de un daño tisular que active los nociceptores ni de una lesión o enfermedad del sistema somatosensorial que explique el dolor. Pueden coexistir varios mecanismos.
Cómo explicar tu dolor en consulta
Antes de acudir, prepara estos datos:
- Localización: dónde lo notas y si cambia de sitio.
- Sensación: qué palabras describen mejor lo que sientes.
- Intensidad: cuánto duele en una escala de 0 a 10.
- Evolución: cuándo empezó, cuánto dura y si mejora o empeora.
- Factores asociados: qué movimientos, actividades o momentos del día lo modifican.
- Impacto: cómo afecta al sueño, al trabajo o al movimiento.
Estas preguntas forman parte de la evaluación del dolor descrita por el Instituto Nacional del Cáncer, aunque también resultan útiles para preparar una consulta por otros motivos.
Por ejemplo: «Desde el lunes noto una molestia de fondo en el hombro derecho. La intensidad suele ser de 4 sobre 10 y aumenta al vestirme. Algunas noches me despierta».
Si no encuentras una palabra exacta, explica qué puedes hacer y qué te cuesta. Esa información también ayuda.
¿Cuándo conviene consultar?
Solicita una valoración si el dolor no mejora, se repite o limita tu vida cotidiana. No necesitas esperar a que se vuelva intenso para pedir orientación.
Algunos síntomas requieren atención médica urgente. Por ejemplo, si el dolor de espalda se acompaña de pérdida de sensibilidad en la zona genital, dificultad nueva para orinar o pérdida de control de la vejiga o el intestino, acude a urgencias. La guía del NHS sobre dolor de espalda recoge estas señales de alarma.
¿Tu dolor te limita?
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- Molestias musculares o articulares: nuestro servicio de fisioterapia general incluye valoración funcional, terapia manual y ejercicio terapéutico, según las necesidades de cada caso.
- Dolor relacionado con el entrenamiento o una lesión deportiva: en fisioterapia deportiva valoramos tus limitaciones y trabajamos en la recuperación para la vuelta a la actividad.
- Dolor miofascial: tras valorar su indicación y tus circunstancias, la punción seca puede ser una de las opciones dentro del tratamiento.
La elección del tratamiento depende de la valoración, no únicamente de que el dolor sea sordo, punzante o quemante. Si necesitas otro tipo de atención, te orientaremos sobre el siguiente paso.
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